jueves, 15 de septiembre de 2016

LA CRÍTICA. Julieta

Cosas que nunca te dije
La culpa es como un virus, como un mal transmitido de generación en generación de manera silente. La culpa nacida de los celos, de las infidelidades, de no haber sido los padres, hijos, parejas y amigos que debimos ser. Pero sobre todo, la culpa fruto de lo que no nos decimos, de aquellos secretos y mentiras que guardamos celosamente, y que acaban conduciendo a un fatal efecto mariposa que lleva a la autodestrucción.

“Julieta”, lo último de Pedro Almodóvar, trata del peso de la culpa como un bucle condenado a repetirse una y otra vez por no haber sido erradicado de raíz, cuando la primera mentira hizo su aparición. Con ella, el manchego vuelve al melodrama protagonizado por mujeres, pero con un aire más noventero, más de “La flor de mi secreto” que de esta última etapa más sombría y perturbadora en la que lleva inmerso tras su primer Oscar.

No se percibe en ella esa aura de grandilocuencia cinematográfica y ambición que desprendieran joyas como “La mala educación” o “La piel que habito”. “Julieta” es un trabajo mucho más convencional en lo que a puesta en escena se refiere, sin giros de guión ni tretas de montaje almodovarianas. Y eso es un arma de doble filo. Porque por un lado, se agradece su enorme sinceridad, que la aleja de sus filmes más recientes. Pero por el otro, puede haber quien le coloque la estampa de trabajo alimenticio y poco inspirado, de obra menor dentro de esa senda tan macabra y oscura que el cineasta había emprendido con el advenimiento del nuevo siglo.


Pero que nadie se engañe. Su sencillez no es más que pura fachada, pura apariencia. Porque el corazón que late bajo esta espiral de culpa es puro Almodóvar, y como tal te acaba golpeando y sacudiendo como de costumbre. Un film que te deja roto por dentro por la historia de esa madre que quiere saber algo de una hija que no desea que su progenitora sepa nada de ella. Y por esos dos pedazos de actrices que son Emma Suárez y Adriana Ugarte, dos reflejos de un espejo hecho añicos por lo que nunca se atrevieron a contar. Trozos de una foto que puede ser reconstruida desde lo más nimio, en forma de remitente de una carta.


A favor: la potencia almodovariana que te golpea desde la sencillez de su propuesta; su dúo protagonista
En contra: que se la considere una obra menor

Calificación ****
No se la pierda

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